La economía venezolana en 2026 atraviesa un periodo de transformación y alta incertidumbre que afecta de manera directa al comercio internacional. Tras décadas de fuerte dependencia del petróleo, el país enfrenta desafíos políticos, sanciones externas y problemas económicos internos que han redefinido su papel en el mercado global.
Comprender la situación de Venezuela es esencial para las empresas e inversores que buscan oportunidades en América Latina, así como para analizar los riesgos del comercio internacional y la diversificación de mercados.

Publicado el 15 de enero 2025
El panorama político venezolano sigue siendo volátil. La captura del expresidente Nicolás Maduro a inicios de 2026 marcó un punto de inflexión en la política del país, generando expectativas de cambios en las relaciones comerciales y acuerdos internacionales.
Potencias globales como Estados Unidos, China y Rusia están reconfigurando sus vínculos con Venezuela, especialmente en el sector energético, lo que podría afectar los flujos de inversión y comercio en los próximos años.
Las sanciones internacionales y la crisis interna han transformado a Venezuela de un país con superávit comercial a uno con déficit en varias áreas. Aunque recientemente se ha reactivado parte de la exportación de petróleo bajo supervisión internacional, los niveles de producción siguen siendo muy inferiores a los históricos, limitando la capacidad de Venezuela para participar activamente en los mercados globales.
Además, los exportadores venezolanos enfrentan dificultades logísticas y comerciales debido al deterioro de la infraestructura portuaria y de transporte, así como la falta de acceso a financiamiento internacional.
El crudo sigue representando más del 90% de las exportaciones venezolanas, lo que hace que la economía sea extremadamente vulnerable a la fluctuación de precios internacionales y a sanciones externas. La falta de diversificación productiva limita la competitividad del país y dificulta la creación de cadenas de valor que incluyan productos manufacturados o agrícolas.
La industria petrolera también enfrenta desafíos estructurales: plantas de refinación envejecidas, mantenimiento insuficiente y escasez de inversión extranjera.
La inestabilidad macroeconómica es otro reto crítico. La depreciación del bolívar, problemas de liquidez de divisas y un mercado interno parcialmente informal dificultan las operaciones de empresas extranjeras. Esto aumenta el riesgo de impagos y limita la capacidad de financiamiento para la importación de insumos y bienes de capital.
A pesar de los retos, existen sectores con gran potencial de crecimiento para inversores que diseñen estrategias de largo plazo:
Agroalimentación: La demanda de productos agrícolas y tecnología para mejorar la productividad es creciente.
Infraestructura: Necesidad de modernizar puertos, aeropuertos y redes ferroviarias, creando oportunidades de inversión en obras civiles y logística.
Digitalización: Expansión de soluciones tecnológicas, pagos electrónicos y servicios de software en mercados locales.
Turismo: Venezuela cuenta con una riqueza natural importante para el turismo de playa y naturaleza, condicionado por la estabilidad política.
Para empresas e inversores interesados en Venezuela 2026, es clave considerar:
Análisis de riesgo político y económico: monitorear cambios regulatorios, sanciones y la política energética.
Diversificación de sectores: no depender exclusivamente de petróleo; explorar agroindustria, infraestructura y turismo.
Alianzas estratégicas locales: trabajar con socios confiables que conozcan el mercado interno.
Visión a largo plazo: las oportunidades reales requieren paciencia y planificación, dadas las fluctuaciones del mercado y la economía.
